La historia que hizo llorar a Spielberg.
— Alguien, alguna vez.Cómo un servidor acabó rodeado de funkos, estatuas y tazas de Akira. No fue por un MBA ni por suerte divina: fue por acumular más muñecos que autoestima.
Tenía un socio con sueños y pocas facturas que un día, zas, desapareció con las figuras. Así que tiré pa’lante con una grapadora, tres pósters y muchas ganas. Esto es lo que vino después… y por qué ahora nace un tracker.

- Desde
- 2019
- Eventos
- +100
- Países
- 15
- En almacén
- +350.000
«Todos estamos de visita en este momento y lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar… y volver a casa.»
Empezó sin querer queriendo.
No había plan maestro ni briefings con proyecciones. Solo un par de frikis con un amor excesivo por lo retro, lo raro y lo que no se encuentra fácilmente: lo que te dicen que no tienen hasta que pones billetes rosas en la mesa.
Y no empezó con licencias. Empezó con robots, wind-ups y rarezas propias de un museo vintage en pleno Chernóbil, de marcas como The Unemployed Philosophers, Kikkerland o ThumbsUp, más raras que un perro verde.
En Londres arranqué mi primera tienda de licencias como copropietario: mañanas entre brunch y griales. Con el Brexit la cosa se puso turbia, mi socio quiso acaparar demasiado y preparó su salida por la puerta de atrás. Así que volví a casa con unas cajas, mis ideas y esa energía rara que te deja Londres cuando lo dejas atrás.
Aquí fabricaba máquinas arcade para varias compañías de licencias, hacía cuadros y lienzos lenticulares y viajaba de rincón en rincón para colocar esos experimentos. Así llegué al retrogaming licenciado, con marcas como Arcade1Up o ThumbsUp.

Una tienda muy, muy pequeña.

En 2019 abrimos la primera tienda, mi compañero y yo. No era un negocio: era una especie de templo personal donde validar eso que llaman buyer persona.
Cuadros retro, figuras LEGO, relojes de cuerda, pósters, wind-up toys y rarezas que a mí me parecían valiosas, aunque la mayoría pensara «¿esto qué es?» (y con razón).
Pero, poco a poco, empezó a llegar gente. Coleccionistas, nostálgicos y tipos raros, como nosotros, que encontraban ahí lo que no había en otras tiendas. Se abría un camino.
La ruta del bakalao-merch.
- +100 eventos
- España y Portugal
- 2 tiendas + Geek Souls
- +60 licencias
Salimos a la carretera sin mapa, con el coche cargado hasta el techo de merchandising, sueños y estrés. Más de 100 eventos de cultura pop, manga, anime, videojuegos y nostalgia por España y Portugal. Si había público, allí estábamos.
Montábamos stand a las 6 de la mañana, dormíamos detrás del mostrador y comíamos bocatas fríos en parkings de Carrefour. Al volver de cada evento fabricaba más muebles para más artículos, y cargar la furgoneta era una partida de Tetris.
La tienda online se hizo «de aquella manera», en un viaje camino de uno de esos eventos, y hasta hoy conserva más o menos el mismo código. Los cabezones… bueno, esos no han cambiado mucho, ¿verdad?
En 2020 abrimos una segunda tienda física y la tienda hermana Geek Souls, con más de 60 licencias de cultura pop y anime. Sin darnos cuenta, éramos un punto de referencia del frikismo organizado. Y entonces llegó el COVID: eventos cerrados, tiendas vacías y, por primera vez en años, dormir en una cama. Con sábanas.

Nos convertimos en una especie de rock band sobre ruedas, pero en vez de instrumentos llevábamos muñecos, tazas, camisetas de Dragon Ball y pósters de Studio Ghibli.
Y llegaron los almacenes.

Vivir entre cajas no es glamuroso. Y no hablo en sentido figurado: el suelo de la tienda ya no se veía. Entre 2021 y 2022 tomamos una decisión tan física como emocional: comprar espacio. Cuatro almacenes, uno detrás de otro, cada uno más grande que el anterior.
De ahí nació el modelo B2B, como un «a ver qué pasa». En menos de lo que canta un logo mal vectorizado abastecíamos los catálogos de más de 30 tiendas, desde la sombra. Fuimos la tienda detrás de las tiendas.
Inventario real, producto que no se conseguía fácil y stock con sentido. Si vives en el sur, más de una pieza que tienes pasó por nuestras manos. Manos lavadas, por cierto.
Pasamos de tener una tienda a convertirnos en un animal logístico.
El año en que todo explotó.
Ni pestañeábamos. Todo pasaba tan rápido que a veces me olvidaba de que tenía cuerpo. Vendíamos desde el sur del flamenco hasta el este del sake: España, Portugal, Japón, Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Bélgica…

El dinero nunca fue el objetivo: solo es lo que pasa cuando eres constante. Y lo hicimos sin humo, sin campañas brillantes, sin boicotear a nadie y sin preventas para desaparecer con el dinero de otros.
No fuimos una start-up con logotipo financiado por fondos europeos. Fuimos una central friki a oscuras. Silenciosa. Y funcionaba.
«Cuando miras demasiado tiempo al abismo, el abismo te devuelve la mirada.»
El bajón.
Escalar, escalar, escalar. Es un paradigma nefasto: trabajar pensando en números y malvivir por ello. Mientras tanto, Nostalgic Play, la semilla de todo, se quedó empolvada en un baúl.
En 2023 decidí bajar volumen. Por decisión estratégica, que dicho así suena guapo. Hubo disputas legales con la gran A que se alargaron hasta 2024 y acabaron en un «podemos ser amigos». Queríamos volver a elegir con calma.
El crecimiento tuvo un coste, y no solo económico. Distribuidores que mandaban producto muerto, inventarios que envejecían en palés sin abrir, el mismo catálogo clonado en todas partes. Vimos cerrar tiendas legendarias. El sistema ya no perdona errores, y la casa siempre gana.
Vendimos menos, pero nos equivocamos menos.
Menos devoluciones, menos de todo. Y vivimos mejor, que es lo que importa.
Hemos pasado de intentar ser grandes… a querer ser diferentes.



«Estoy cansado, jefe.»
Freno de emergencia y regreso al origen.
En 2024 apretamos el freno nada más empezar. A tiempo, y con orgullo. Volvimos al núcleo: seleccionar, cuidar y resistir entre bambalinas.
Absorbimos almacenes completos de dos distribuidores que cerraban, uno en Italia y otro en España, y lo reestructuramos todo con otros catálogos y marcas más bonitas. Y aquí seguimos.

Somos la resistencia.
- Funko, el corazón de la nostalgia+150.000
- Rarezas, indie y figuras de autor+50.000
- En almacenes externos+100.000
- En tiendas, eventos y stands+50.000

Lo que no hacemos (y por qué importa).

Y ahora nace el tracker.
Después de años viendo el mercado desde dentro —almacenes, marketplaces y más de 30 tiendas—, sabemos lo que vale cada pieza y por qué. Así que abrimos ese conocimiento: Nostalgic Play vuelve como un tracker de precios para coleccionistas.
Robots que leen cada pocas horas las ventas reales de 15 plataformas, personas que revisan a mano las que huelen raro y una vitrina para que sepas lo que vale tu colección hoy. Para que compres y vendas sin que te la cuelen.
- Amazon.es
- eBay
- AliExpress
- Druni
- Deporte Outlet
- Carrefour
- Miravia
- Toys"R"Us
- Phone House
- El Corte Inglés
- Leroy Merlin
- MediaMarkt
- Fnac
- Caseking
- PcComponentes
¿Y ahora qué?
Seguimos, pero digi-evolucionados. Entre el pana y yo, el dúo sacapuntas, con las ideas claras y sin correr sudando: lo que se haga a partir de ahora es por una enfermedad llamada nostalgia.

- Control total del inventarioA mano y cerquita, en local o bien distribuido.
- Nada de masificarCatálogos concretos y un servicio hecho con cariño. Sacaremos cuando toque sacar.
- Lo indie y lo rebeldeJuguetes que se hacen con entusiasmo y marcas que no son esclavas de la gran A.
- Marcas que cuidan su cadenaY a la gente que la sostiene, del principio al final.
- Fabricantes europeosDe los que se portan bien. Al resto, ni agua.
stalgic












